top of page

Los hermanos Capuleto

  • 22 oct 2024
  • 12 Min. de lectura

Era media mañana en las afueras del bosque de mauve; los pájaros cantaban a pesar de la hora. El ambiente era fresco, pero el sol ya comenzaba a proyectar potentes rayos. La maleza del bosque no era tan basta, lo que  permitía que las personas anduviesen de mejor manera en el bosque. Desde niños, cazadores, hasta las bandas criminales que llegaban a refugiarse dentro de él. Pero a pesar de los usos buenos y malos que la gente le daba, el bosque siempre ha sido un lugar místico. En la antigüedad, se contaba que en él, vivían elfos y criaturas mágicas que no solo lo habitaban, sino que lo protegían.

Pero todas estas creencias se fueron perdiendo, hasta quedar como simples cuentos de fantasía. El pueblo que se encontraba junto al bosque, era llamado villa in silva (el pueblo junto al bosque), el cual fue fundado por antiguos caballeros y sus familias en la edad media. El pueblo siempre fue chico, pero con la entrada de la era industrial, y la posterior construcción de una fábrica de productos hechos de madera. Rápidamente creció y atrajo a muchos inversores, los cuales pusieron fábricas similares con el propósito de explotar el vasto bosque.

Gracias a todo esto, la población  creció con una rapidez exorbitante, por lo que la construcción de tres escuelas, una mejora en las carreteras y en alumbrado público fue necesario. Pero a pesar de todo el pueblo seguía siendo chico comparado con otros pueblos; por mucho que las tres fábricas que se establecieron en él, ayudaran a atraer a más gente del exterior, seguía siendo insuficiente para llamarlo grande. La población apenas rosaban los dos mil habitantes, por lo que las personas en el pueblo llegaban a conocerse muy bien. No era difícil identificar a las personas, menos para los ancianos, quienes eran los que tenían un mayor conocimiento en rostros del pueblo. También eran aquellos que añoraban viejas glorias y momentos pasados del pueblo, declarando que el mismo se estaba yendo al caño con el cambio. Pero la gente no los escuchaba, todo el mundo decía que eran viejos gruñones y conservadores, que sin importar que, odiarían el cambio, aunque este trajese cosas buenas.

Las bandas de niños y adultos se reunían por doquier, unos para jugar juegos inocentes y otros no tan inocentes. Pero justo ese día, el sábado para ser exactos, el pequeño Jack no iba a poder asistir a esos juegos. Sus amigos irían a la parte norte del bosque, al llamado cumulo de rocas, una serie de edificaciones hechas de rocas muy grandes, sobre puestas unas sobre de otras; algo que a los niños del pueblo les encantaba.

Pero al pequeño Jack por mucho que le gustase, no iba a poder asistir. Los asuntos que tenía que atender era más importantes, no en específico para él, pero si para su familia. Se encontraba apoyando a su hermano mayor, Bill; ya que era muy importante el asunto entre manos, pero realmente para Jack nada era más importante que ir a jugar al cumulo de rocas. Es por ello que trató de zafarse de aquel encargo de su padre. Pero sabiendo que las excusas que ponía su hijo eran falsas, lo reprendió y lo obligó a ir. A pesar de que también su hermano Bill trató de persuadir a su padre, poniendo de excusa que era un trabajo del que él podía encargarse solo. Su padre terco como siempre, no acepto otra idea que no fuese la suya, y mando a los dos hermanos.

A media mañana ya se encontraban dentro del bosque, por un camino conocido como el recorrido del diablo, del cual se decía que en la noche podían aparecer demonios a todos los incautos que rondaran ese camino; los niños, eran los que más creían esas historias. Jack iba en la parte de atrás de la carreta que llevaba a los dos hermanos. La carreta en si no era la gran cosa, casi la podríamos llamar tabla con ruedas, ya que literalmente era solo eso, una tabla de madera equipada con dos ruedas a sus costados (también echas de madera). Al frente tenía dos palos, los cuales eran usados para amarrar al animal que tiraría de la carreta. Que en esta ocasión era un burro, prestado por los grandes amigos del padre de Jack, la familia Norris.

Nadie decía nada, el silencio era crepuscular. Mientras Bill conducía al burro, evitaba que la caja de madera rectangular y la pala (que llevaban a manera de equipaje), se cayeran, utilizando cuerdas para sostenerlas. Jack se mantenía absorto en sus pensamientos. Pero no pensaba en cualquier tontería, si no que, tenía la cabeza metida en un tema muy en concreto, que lo mantenía alerta y algo preocupado. Él no era un niño ejemplar ni nada por el estilo, pero tampoco era mal portado. Se mantenía en el promedio, cumpliendo a medias en la escuela y siendo como todos los demás, un niño normal. Pero he ahí lo preocupante para él. Cuando cometía una travesura su padre lo regañaba acorde con lo que había hecho. De vez en cuando era un leve escarmiento y castigo, pero en otras era una reprimenda horrible, la cual haría que un niño temblara al oírla por lo brutal que llegaba a ser, pero un adulto diría que es justa y bien merecida. El problema para ese momento no era tanto la gravedad, sino que, había cometido un pecado a los ojos ideológicos de su padre, un hombre que a pesar de lo gruñón que podía llegar a ser era bastante fiel a la religión y sus mandamientos. Para su padre el robar era un pecado sumamente grabe, y siempre les había inculcado a sus hijos que era algo que no se debía de hacer, y si lo llegaban a hacer les iría muy mal.

Jack sabía que había cometido un grave error, al haberle robado a su amigo Wilson su estuche de lápices. El mismo Wilson le había pedido ayuda a Jack para buscarlo en el salón y en el patio escolar, pero como era de suponer no habían encontrado nada. Wilson se fue ese día muy triste. Ya que el estuche era un regalo de su abuelo, que había fallecido hace dos años. Se lo había entregado por su cumpleaños, un objeto que Wilson apreciaba bastante. No era para menos, estaba tallada en madera, hecho a mano por el carpintero del pueblo, un suvenir que cualquiera querría presumir siendo un niño. Decorado con pintura en plomo, con azules y verde que lo hacían destacar de inmediato, y que provocaba las envidias de todos.

Jack se mantenía nervioso, pensando, el cómo lograr regresar el estuche sin que nadie se enterase de que él había sido el perpetrador del crimen. Las ideas en el iban y venían, las opciones eran varias y cada una tenía su nivel de dificultad y riesgo. « ¿Qué tal si le digo que me lo encontré? ¿Que alguien me lo dio para que se lo regresara? ¿Tal vez decirle que lo tenía por qué me lo había prestado?» pensó para sí. Pero cada opción sonaba sospechosa, y la factibilidad que funcionase no lo convencía. Tampoco el dejarlo en una parte de la escuela y que alguien más lo encontrara; no solo habían registrado todos los rincones de la escuela, si no que le habían preguntado a todo si sabían algo de él. Pero como era obvio nadie sabía nada. Sonaba demasiado sospechoso que el susodicho apareciese de la nada en un lugar en que ya habían registrado.

Todo este asunto mantenía tenso a Jack, y para su suerte, Bill se daba cuenta de que algo no iba bien con su hermano. A pesar de estar viendo al frente todo el tiempo, podía notar a su hermano tenso, pensativo, temeroso, por lo que tenía que hacer algo para ayudarlo. Ya que sabía, que su hermano se había metido en un aprieto.

—Jack, dime. ¿Sucede algo? — dijo Bill con un tono amigable.

— ¿Por qué lo preguntas querido hermano?

—Bueno, en este encargo que padre nos mandó a hacer, te he visto…. tenso.

Jack se quedó callado por la declaración de su hermano. Él sabía que su actitud no era la de siempre, y la simple mención al hecho de que su hermano se había dado cuenta lo ponía aún más tenso. Si su hermano comenzaba hacer preguntas de más, lo más probable era que al final de su interrogatorio terminaría por descubrir que es lo que ocultaba con tanto recelo. El niño lo sabía, es por ello que comenzó una táctica para distraerlo.

—Ya viste que bonita mañana hace el día de hoy, que bueno que estamos en la naturaleza para poder contemplar este hermoso día en todo su esplendor.

— ¡Que escondes niño, ya dime!

—No sé por qué supones que escondo algo.

—Es obvio. Dime, quien cambia de tema justo cuando le preguntan que si esconde algo, y sobre todo un tema tan trivial como el clima o la naturaleza.

Jack no pensaba lo mismo, sentía que era un buen tema para desviar la atención de su hermano. Él opinaba que lo había hecho bien, y que estaba evitando que su hermano sospechara y siguiera preguntando. Pero estaba en un error muy grande y obvio, por qué gracias a lo que había hecho, su hermano ya sabía que ocultaba algo, ya no era una mera suposición, estaba completamente seguro.

Bill estaba muy intrigado por saber el problema de su hermanito. Ya que no solo la curiosidad le hacía tener interés en ello, sino que el hecho de que el problema de su hermanito, pudiese llegar a ser grabe, era la razón de mayor peso para descubrir qué es lo que él escondía. El poderle sonsacar el secreto no sería tarea fácil, y Bill lo sabía perfectamente, por lo que debía de comenzar a labrar el camino hasta la verdad. Y para ello tendría que seguirle el juego hasta que se descuidara.

—Sí, ciertamente hace un muy buen día. Una mañana tranquila y fresca.

—Verdad que sí. Qué bueno que  estamos aquí el día de hoy para disfrutarlo.

La sonrisa en el rostro de Jack era de una satisfacción incalculable. Creyendo que ya había logrado despistar a su hermano, se comenzó a relajar, lo que terminaría propiciando un error más temprano que tarde. Por su parte, Bill se mantenía sereno pero contento, no solo sabía que su hermano comenzaba a bajar la guardia, también entendió que tenía su primera apertura.

— ¡Oye! ¿Pero no ibas tú a ir con tus amigos a jugar hoy? ¿Por qué dices que estas feliz de estar aquí, si ayer parecías muy enojado por venir y no poder ir con tus amigos?

Jack al terminar de escuchar a su hermano se puso rígido como un roble. Sabía que la había cagado, era un descuido total. Aunque su malestar del día anterior no se relacionaba con el crimen, si seguía así, comenzaría a tocar terreno peligroso.

—Bueno, viendo el paisaje que tenemos delante, me quedo a gusto de no haber ido con mis amigos.

— ¿Pero, no se pondrá triste Wilson de que lo dejaste sin pareja para los juegos?

—De todos modos lo triste no se le va a quitar, ni aunque fuera a jugar —dijo Jack con un tono burlón referido hacia su amigo.

Al oír la declaración de su hermano, Bill soltó una leve carcajada, pero a Jack nada de todo eso le hizo gracia. Él sólito se estaba condenando, llevando la conversación al punto contrario de sus deseos, situación que Bill comenzó a aprovechar.

— ¿Pero, por qué Wilson esta triste, algo le sucedió? —Bill trató de hacer el tono más sarcástico que le logró salir.  

No estaba completamente seguro, de que el tema que preocupaba a su hermanito fuera por ese rumbo. Pero el hecho de que Jack haya mencionado el tema de su amigo como algo completamente aleatorio, era un hecho muy extraño. Por ello, Bill intentaría ver a donde lo llevaba ese camino, si era el correcto seguiría con el interrogatorio, sino, intentaría otra ruta.

—El otro día…. Wilson perdió su estuche — Jack comenzó a ponerse muy nervioso.

— ¿Así? Y dime. ¿Tú no sabes nada acerca del susodicho estuche?

Para cuando Bill terminó su pregunta, los dos chicos y su carreta habían llegado a un claro rodeado por árboles. No era especialmente grande el claro, y más por el hecho de que quedaba bastante cubierto por matorrales y los mismos árboles, haciéndolo un lugar bastante escondido.

Bill detuvo al burro de un tirón, después, de un saltó bajó de la carreta, palpó el suelo y luego inspeccionó el área. Mientras su hermano hacia eso, Jack se había hecho volita en su asiento, con las rodillas pegadas al pecho abrazándolas con los brazos. Aunque parecía sereno en esa posición, por dentro Jack comenzaba a tener un miedo casi patológico. Le aterraba la idea de que su hermano se enterara, de que él había robado el estuche, por lo cual iría a decirle a su padre. Pero Bill tenía otra idea completamente diferente; no solo lograba ver dentro de su hermano de manera muy fácil, lo que le ayudaba a notar el miedo que él estaba experimentando. También tenía la ferviente intención de ayudarlo en cualquier problema que él pudiese tener.

Bill se acercó lentamente a su hermano, posó su mano de manera paternal en el hombro derecho del chico. Jack, al cabo de un momento levantó la cara para ver a su hermano, tenía los ojos llorosos, pero aun no derramaba ninguna lágrima.

—Cuéntame lo que pasó Jack, puedes confiar en mí.

El chico solo lo miró, una mirada de resistencia, era claro que quería hablar, pero algo lo impedía. Al cabo de un momento logro vociferar. —Pero prométeme que no le dirás a padre de esto.

Bill posó su mano derecha en el corazón y se dirigió a su hermano con voz fuerte y firme. — ¡Lo prometo!

Pasaron unos segundos de silencio, los dos hermanos solo se miraron a los ojos, cada uno quería confirmar la palabra del otro en sus miradas. Después de un rato mirándose Jack dijo. —Le robe a Wilson su estuche.

Al escuchar esto Bill soltó un jadeo de sorpresa. Los dos sabían que significaba la palabra robar y sus consecuencias en su casa. Bill no podía estar más sorprendido y molesto por el actuar de su hermano. Pero un segundo después de oír el crimen, Bill entendió el porqué del malestar de su hermano. Sabía que el miedo que despedía no era por mero capricho, era obvio que no solo el chico estaba arrepentido de sus actos, sino que estaba aterrado por las consecuencias.

Pero Bill no quería dejar las cosas como estaban, sabía que tenía que darle una lección a su hermano. Lo primero era tranquilizarlo, hacerle saber que su padre no se enteraría de sus actos malos. Lo segundo era hacer que le contara el motivo del robo, y luego, hacerle notar que su actuar estaba mal. Y por último, motivarlo  para que haga una reflexión, sobre lo que había hecho, y que entendiera por si solo porque eso estaba mal.

Con su plan listo, Bill comenzó la fase uno del plan, tranquilizar a su hermanito.

—Tranquilo Jack, no le diré a padre sobre lo que realizaste, pero a cambio quiero que me cuentes porque lo hiciste — Bill tomó a su hermano de los hombros y luego puso su cabeza junto a la de su hermano.

Jack permaneció callado, ya no ocultó su cara por completo, pero seguí en la misma posición, agarrando sus piernas contra su torso. El chico se mantenía expectante, sabía que si decía algo incorrecto, Bill cambiaría de opinión, he iría a contarle a su padre lo acontecido. Temía rebelar toda la verdad, pero en su interior sabía que si lo decía, su hermano entendería y valoraría su honestidad, siendo tal vez el mejor camino que él podía tomar.

—Pues…. Me estaba molestando con su estuche, entonces yo lo tomé para jugarle una broma.

— ¿Así que todo fue una broma?

Jack asintió tenuemente, seguía agazapado, pero a pesar de eso Bill vio la afirmación de su hermano, lo que lo tranquilizo enormemente. El saber que su hermano no era un ladrón, y que solo hizo lo que hizo por una simple broma lo tranquilizaba bastante; para él el problema ya era mucho menor, algo casi sin sentido, como dirían los adultos “un juego de niños”.

Pero, a pesar de que las acciones de su hermano solo fueran motivadas por una simple broma, Bill no quería ni debía de dejar las cosas así. Sabía perfectamente que la maldad estaba ya hecha, y aunque no era con propósitos malos, si afecto a una persona, que incluso la puso triste por el accionar de su hermano, y eso era algo que Bill no quería dejar impune.

—Mira hermano, sé que no quisiste hacerle daño a nadie, todo esto es un juego para ti, algo que no parece grave, y si lo es —hizo una pausa y siguió—, lo mejor que puedes hacer es ir con tu amigo, darle su estuche y disculparte por la broma. Yo sé que tu amigo lo entenderá.

«Por tú parte, lograrás entender, que a pesar de que hacías una broma, el acto de robar está mal; no se debe de quitar a las personas sus pertenencias, es un acto horrible y repudiado. El cual no debes llevar a cabo bajo ningún concepto, ni siquiera con la justificación de una broma. Estoy seguro que a ti no te gustaría que te quiten tus cosas, así que no hagas lo que no quieres que te hagan. ¿Entendido?»

Jack se le quedo viendo a su hermano durante un momento, tenía los ojos llorosos, y hasta una lágrima ya se escurría por su mejilla. En un instante, Jack saltó de la carreta hacia su hermano y le dio un abrazo muy fuerte. Bill en ese momento sabía que su hermano había entendido la lección y nunca volvería a llevar a cabo acciones de ese calibre.

Mientras los dos hermanos tenían un gran momento sentimental, la caja rectangular de madera, que se encontraba encima de la carreta, comenzó a hacer ruidos. Los ruidos parecían gritos ahogados, casi podías distinguir la palabra ayuda entre todos los sonidos. Los dos hermanos quedaron perplejos, permanecieron en su lugar, viendo la caja con ojos como platos. Retrocedieron unos pasos cuando algo comenzó a golpear la caja de madera desde adentro.

—Demonios, padre dijo que le enterráramos antes de que despertara — Bill había cambiado de actitud a una más fría y de furia.

—Entonces hay que apurarnos, antes de que logre romper la caja, hay que enterrarlo ya.

Los dos hermanos se miraron con determinación, cada uno estaba de acuerdo con la idea. Bill tomó la pala de la carreta, y junto con su hermano usando una roca grande que tomó del suelo, comenzaron a cavar a toda prisa.

Mientras los hermanos hacían eso, los gritos y sollozo se oían de manera apagada, como faltos de energía, cada uno de ellos se perdía en la inmensidad del bosque, como simples ruidos que jamás serian escuchados

 Fin

 

1 comentario


Carlos ArellanoRojas
Carlos ArellanoRojas
23 oct 2024

Prueba del 22 de octubre

Me gusta
bottom of page